viernes, 5 de junio de 2020

Mi vida entre Peter Pan y el capitán Garfio (o 64 maneras de decirles a ustedes gracias)





Dedicado a todos los que me acompañan a volar, a los que me cuidan en el viaje, los que me ayudan a sanar cuando caigo y particularmente los que me apoyan en la aventura de cambiar.



“-Te imaginas cosas estupendas -explicó Peter-, y ellas te levantan por los aires.”
(Receta para volar de Peter Pan)

“La vida de una persona sí pasa delante de sus ojos antes de morir. El proceso se llama Vida” (Terry Pratchett) 


Peter Pan es un personaje creado por el escritor escocés J.M Barrie para una obra de teatro estrenada en 1904 y posteriormente convertida por el mismo autor en una novela y en una serie de relatos a partir de 1911.

La mayoría de las personas cuando recuerdan a este personaje lo que tiene en la mente es la película de Disney estrenada en 1953 que desde ese entonces se convirtió en la imagen que casi todo el mundo tiene de ese personaje y su historia.

Pero el Peter Pan de Disney y el de Barrie sólo comparten el nombre y el argumento básico de la historia.

Pareciera que desde mediados del siglo 20 se considera que las historias para niños tienen que ser tiernas e ingenuas; y no deben incluir elementos que perturben la mente de los niños. Tal como razonaron los redactores de la Ley de Responsabilidad Social en Radio, Televisión y Medios Electrónicos de 2004, las historias para niños no debían contener imágenes o sonidos que pudieran requerir la orientación de madres, padres, representantes o responsables. 

Antes de ese momento se tenían otras ideas sobre los niños. Los cuentos tradicionales en sus versiones originales, incluyen escenas de violencia, muerte, sexo y otros elementos que horrorizarían a nuestros censores nacionales (algunas vez revisen las versiones más antiguas de cuentos clásicos como Blanca Nieves o Caperucita Roja)

En la historia original, Peter Pan es un preadolescente inmaduro, arrogante y egocéntrico que vive haciendo lo que quiere sin ninguna responsabilidad real; pero a la vez, paradójicamente, es absolutamente encantador, un líder indiscutido de un grupo de niños perdidos que dentro de ese papel de líder y protector de su grupo está dispuesto a matar  o morir durante las batallas que se le presentan.

Su principal enemigo, el Capitán Garfio, es un pirata feroz y sanguinario que no tiene problemas en cortarle la garganta a un miembro de su tripulación porque sin querer le desarregló su traje, pero simultáneamente es un refinado y muy bien educado caballero.

¿Y todo este cuento a qué viene? 

Pues que en este día tengo que confesar que parte de mi vida en los últimos años ha estado en permanente oscilación entre Peter Pan y el Capitán Garfio, es decir entre mi niño interno excesivamente imaginativo y los tormentos ocultos del pirata.

Si ustedes me lo permiten me gustaría contarles cómo ha funcionado esa vaivén entre esos personajes, usando además una pequeña ayuda de uno de mis escritores favoritos: Terry Pratchett.


1. Peter Pan

"-Soy la juventud, soy la alegría…."  (Peter Pan, en el libro del mismo nombre de J.M Barrie)

"No quiero ser mayor jamás -dijo con vehemencia-. Quiero ser siempre un niño y divertirme" (Peter Pan, en el libro del mismo nombre de J.M Barrie)


Los que me conocen cercanamente saben que bajo mi cara de gruñón (de Capitán Garfio de biblioteca) siempre está como Peter Pan, dispuesto a volar a Nunca Jamás. Es decir a usar la imaginación (y participar en un juego)

Quizás por eso soy biólogo, ambientalista y defensor de derechos humanos ambientales.

¿Y esas ocupaciones qué tienen que ver con la imaginación?

No comparto del  todo la idea del profesor israelí Yuval Noah Harari en su celebrado libro “Sapiens” cuando dice que “No hay dioses en el universo, no hay naciones, no hay dinero, ni derechos humanos, ni leyes, ni justicia fuera de la imaginación común de los seres humanos”. Pero de lo que sí estoy seguro es que sin la imaginación los humanos no hubiéramos podido construir lo que actualmente llamamos civilizaciones con todos sus avances y contradicciones. 

Eso lo explicó mucho mejor Terry Pratchett cuando dijo: “La imaginación, no la inteligencia, es lo que nos hace humanos”.

De manera más profunda y poética esa idea la incluye en su libro “Papa Puerco” cuando uno de sus personajes favoritos “La Muerte” dice: 

“LOS HUMANOS NECESITAN LA FANTASÍA PARA SER HUMANOS. PARA SER EL PUNTO DONDE EL ÁNGEL QUE CAE SE ENCUENTRA CON EL SIMIO QUE SE ALZA...” 

(Disculpen las mayúsculas pero La Muerte en los libros de Pratchett siempre habla así)

Es decir sin imaginación no se pudiera avanzar en el mar de incertidumbres en que vivimos buscando una isla perdida que nadie sabe dónde está y que es posible que nunca pueda ser conseguida. 

Esa isla puede llamarse como cada quien quiera. En mi caso la isla es la representación de países sostenibles, respetuosos de toda forma de vida y garantes de los derechos humanos. 

Ese tipo de fantasías los estudiosos las llaman utopías. Pues si, soy un buscador de utopías.

Por supuesto la vida es mucho más que imaginación y búsquedas de universos utópicos. Existen los temas de adultos y algunos son importantes. Ellos están relacionados con la responsabilidad, la solidaridad, el trabajo y la autonomía individual. Por eso a veces hay que olvidarse de Peter y como hizo Wendy convertirse en gente grande.

Pero hacerse grande y madurar no es excusa sino más bien, parafraseando a Terry Pratchett, saber que no importa lo que pase siempre tendría que ser posible un pequeño acto que hiciera el mundo, de una forma pequeña, un lugar mejor. No hay fantasía más importante en la vida de cualquier adulto por serio que sea.


-¡Qué días aquellos cuando podías volar! -¿Por qué ya no puedes volar, mamá?
-Porque he crecido, mi amor. Cuando la gente crece se olvida de cómo se hace...
(Wendy en Peter Pan de J.M Barrie )



2. Capitán Garfio

Algún día -dijo Smee-, el reloj se parará y entonces lo atrapará.
Garfio se humedeció los labios resecos.
-Sí -dijo-, ése es el temor que me atormenta.
(Capitán James Hook, en Peter Pan de J.M Barrie )


Es difícil decir algo positivo del capitán James Garfio. Este personaje es un hombre tan profundamente desalmado, despótico y cruel que casi lo podemos imaginar dirigiendo un cuerpo policial en Venezuela reprimiendo con crueldad inhumana a un grupo de personas indefensas que estuviesen protestando por cualquier cosa y seguro que se habría robado el dinero necesario para comprar los insumos médicos y la comida de niños hospitalizados.

Aún su exquisita educación, producto de su linaje y reafirmada en los colegios más elitescos de Inglaterra, no puede esconder su talante traicionero y cobarde y más bien lo que hace es producir rechazo.

Nada que ver con el Garfio de la película de Disney, un ser tan incompetente e engreído que en vez de miedo produce risa.

El Garfio original vive impulsado por sólo dos sentimientos: El odio y el miedo. Tal como si fuera un fanático extremista de alguna religión o ideología.

Él odia al mundo, pero lo que más odia es a Peter Pan y particularmente la arrogancia de ese niño que en vez de tener miedo del feroz pirata lo desafía constantemente y ya lo ha vencido en más de una batalla. 

En una de ellas, Peter Pan le corta con su espada una mano al pirata y luego se la lanza a un cocodrilo (lindo chico ¿no?) 

De esta historia nace el mayor de los miedos de Garfio: El cocodrilo queda tan complacido con la parte que se comió que persigue constantemente al pirata para comerse el resto. Y para hacer la situación más espeluznante, el animal se traga también un reloj, por lo que la presencia del reptil se percibe por el constante tic-tac del reloj.

Esa es la metáfora que parece que mucha gente no ha percibido: Un cocodrilo con un reloj haciendo tic-tac es una metáfora horripilante de la inevitabilidad de la muerte y el tiempo que se va haciendo cada vez más corto.

Por ello, este personaje vive permanentemente atemorizado por la certeza de en cualquier momento el cocodrilo, es decir la muerte, le alcanzará.

Aquellos que hemos recorrido la mayor parte de nuestros tramos vitales y además tenemos alguna enfermedad crónica, podemos sentir cierta empatía por el pirata y sus terrores internos.

Y como no odiar al jovencito arrogante que dentro de nosotros quiere obligarnos a seguir volando sin sentir ningún temor, ni querer saber que existe un final. 

Por otra parte, como ya dijimos el pirata odia a Peter, pero a la vez lo necesita, ya que es el único desafío que le permite sentirse vivo y no caer en la desesperación y la depresión de saber que, haga lo que haga, el cocodrilo alguna vez lo alcanzará.

Ambos personajes viven dentro de mí: El niño que me empuja constantemente hacia sueños cada vez más altos y el pirata atemorizado por el inexorable final de su historia.

A su vez, ambos tienen grandes y graves necesidades insatisfechas. 

Peter necesita el amor de una madre que nunca tuvo y eso es lo que busca en Wendy. A su vez Garfio en el fondo añora ganarse el respeto de los demás por sus virtudes de hombre astuto, pero sobre todo valiente.

Es allí donde están sus contradicciones. 

Peter Pan no sabe cómo encontrar el amor que necesita y que solamente pudiera encontrar sí estuviese primero dispuesto a amar.

Garfio no entiende que el verdadero respeto y valor nace, a su vez, del respeto que se le da a los demás y por otra de la aceptación del cambio como parte del proceso para poder avanzar en la vida.


“Lo que no muere no puede vivir. Lo que no vive no puede cambiar. Lo que no cambia no puede aprender…” (Terry Pratchett, Lores y Damas)

He sido muy afortunado en todos los años que he vivido. 

No sólo he tenido la oportunidad de conocer este muy hermoso país y la gente inmejorable que lo vive, sino que me he encontrado en la ruta con una gran cantidad de Peter Pan que me han acompañado en los vuelos, aún en los más arriesgados, y me han retado a subir cada vez más alto. 

También me ha ocurrido que cada vez conozco más personas que por razones extrañas me han cuidado y me siguen cuidando sobre todo ahora, que soy cada vez más torpe al volar y siempre tienen a mano un poco de linimento mágico para echarme en las magulladuras y las palabras amables que suavizan la pesadumbre. Este no será el amor del que hablan los poetas románticos, pero quizás es uno más sublime y elevado. Y el agradecimiento que siento, ya es una razón profunda para dejar atrás cualquier temor.

Para más suerte, he conocido personas que no solo vuelan como golondrinas, sino que tienen sonrisas capaces de sanar incluso la peor de las contusiones.

Por supuesto que también hay piratas, pero sin ellos la vida no sería tan divertida y mucho menos tan valiosa 

(Por cierto que es un buen momento de enviarle un mensaje a los piratas: Los vamos a vencer. No sé cuando, ni dónde, pero lo vamos a hacer todos juntos: los Niños Perdidos, las Hadas, los  Picaninny, las Sirenas y el resto de los habitantes de Nunca Jamás)

Llegado a este punto de la historia les cuento que en este momento de mi vida he decidido iniciar una nueva aventura: Aprender a cambiar y cambiar en la aceptación de lo inevitable. 

No es una tarea fácil y puede que la más complicada que he iniciado. 

Este cambiar no es para ahora ser zapatero o físico nuclear. Seguiré siendo lo que soy hasta el fin. Sino cambiar para caminar lo queda de ruta con menos equipaje y más conciencia, menos angustia y más disfrute. Menos pensar y más hacer, o pensar para hacer.

Pero también para lograr que mis pasos ayuden a otros a caminar sus propias rutas y volar por sus propios cielos. 

Y en particular devolver tanto amor recibido y darle un mi apoyo total a la gente que amo y a las cosas que creo.

Este mapa de ruta lo construí a partir de una frase de Viktor Frankl un psiquiatra austriaco y sobreviviente de un campo de concentración Nazi. La misma dice: 

"Cuando ya no estamos en la capacidad de cambiar una situación, tenemos el desafío de cambiarnos a nosotros mismos".

Sí, he decidido aprender a cambiar ¿Me acompañan?


   “Señor, sabemos que no hay otro orden, solo aquel que creamos, no hay más esperanza que nosotros, no hay más piedad que nosotros, no hay justicia, solo nosotros. Todas las cosas que son, son nuestras, pero tienen que importarnos, porque, si no nos importa nada, no existimos. Y si nosotros no existimos no queda nada más que el olvido, el fin ciego…” (Terry Pratchett, El Segador) 

viernes, 20 de marzo de 2020

Participación y solidaridad activa en tiempos de coronavirus




He estado escribiendo en mi cuenta de Facebook una especie de bitácora personal de los temas que me han parecido importantes ( al menos para mí) en estos días de cuarentena obligatoria por la epidemia de coronavirus. Quiero compartir la más reciente porque me gustaría conocer sus opiniones al respecto.

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Desmemorias del día 4 de clausura: jueves 19 de marzo de 2020.

Cuarto día de clausura de la región capital en Venezuela y tercero de cuarentena obligatoria nacional.

Un día marcado por la incertidumbre que se hace cada vez más sólida la creciente sensación de desamparo de mucha gente,en la cual crece  el rumor como sucedáneo de información.

Día con pocas noticias importantes más allá de esa lejana sensación de que debemos prepararnos para quién sabe qué.

Por eso, hoy no me place relatar anécdotas de encierro, sino de  los pájaros que cruzan por mi cabeza como si emigraran norte a sur, del frío al calor.

Les cuento:

Este es un momento en que sabemos que debemos luchar contra un enemigo poderoso e invisible que se infiltra en nuestras vidas, trastoca todos nuestros planes y nos empuja a ser una especie de animales invernando para esperar esa primavera que nadie sabe cuándo, ni de qué manera llegará.

Situación que hizo tangible la idea de la sociedad del riesgo del que hablaba Ulrich Beck en su famoso libro.

En el medio de eso crece cada día la percepción de peligro difuso, pero permanente, que te hace mirar con desconfianza a todo el mundo, porque quién sabe quién será portador del fatídico virus del que hablan todas las noticias, todas las conversaciones, en todas partes, en todas las clases sociales. Y queremos aislarnos, encerrarnos y dejar afuera el peligro.

Y ya ni sentimos lástima del pobre San José que se quedó sin fiesta en Elorza y siendo un santo obrero quedó en paro permanente, no sabiendo cuándo regresará a su labor, a su acción y su acoplamiento con el resto de los trabajadores para seguir luchando por condiciones dignas de trabajo y el regreso de sus derechos a la protección social.

Porque esa sensación de peligro permanente nos nubla la mente y no nos deja ver el verdadero monstruo, el Godzilla que se acerca amenazante cada vez más cerca.

Ese monstruo está aquí desde hace tiempo, nos lo presentaron, nadie lo ocultó, pero no supimos verlo llegar sumidos en nuestro sueño de normalidad. Es esa bestia que como el dinosaurio de Augusto Monterroso cuando finalmente despertemos todavía estará allí y en control de nuestras vidas.

Ese monstruo es el control militar de la sociedad, es decir de nosotros.

Y no podemos darle ese poder, porque ese engendro es totalmente indiferente a todo lo que no sea su propio poder y no cree en ideologías, religiones, ni en libertad, ni en justicia social, ni derechos humanos, ni de respeto por la Naturaleza.

El cantante Sting en su canción Russians expresaba su esperanza de que frente a la amenaza nuclear los rusos también amaran a sus hijos. Pero aquí sabemos por la experiencia de los niños hospitalizados sin medicinas y los de las barriadas sin comida y los de los colegios sin maestros, que los monstruos de aquí no aman a los niños, a ningún niño. No sé si ni siquiera a los suyos, ya que lo único que les heredarán será dinero y vergüenza.

Pero a ese monstruo no lo queremos ver. Nos echaron tierra en los ojos. O mejor dicho nos echaron el famoso virus en los ojos. Y no vemos más allá del tapabocas que ya nos subieron hasta taparnos también la vista.

¿Esta situación es irreversible?

Por supuesto que no. Ya otros países pasaron por situaciones que en su momento fueron hasta peores y lograron salir y avanzar.

Pienso en la canción que cantaba Gloria Gaynor “I will survive” (sobreviviré) Pero en nuestro caso la letra de la canción tiene que cambiar y ser “Sobrevivire(mos)” porque o salimos juntos de esta o no habrá salida para nadie. Al menos un final bueno para los que queremos seguir llamándonos venezolanos con verdadero orgullo, estemos aquí o allá.

Por eso tenemos que entender, como nos recuerda Moisés Naim en un artículo reciente, que “Todos somos vecinos”. Asimismo, en el mismo artículo advierte que: “En las próximas semanas y meses vamos a descubrir quiénes —tanto personas como países— están más dispuestos a actuar teniendo a los demás en mente y quiénes solo piensan en sí mismos”.

En la misma línea de ideas, mi amigo Anibal Rojas escribió en su cuenta de Twitter la idea más clara que he leído al respecto de lo que significa la solidaridad o el aislamiento en soledad:
“El Distanciamiento Social funciona no porque tú evites contagiarte con el COVID19 y emerjas un mes después triunfante de entre un montón de latas de atún, funciona porque evitaste ser un vehículo de contagio para otros, sino se llamaría Aislamiento Egoísta o algo por el estilo.” Y más adelante continua: “Hay un montón de personas que se van a encontrar en una posición desesperada cuando no les quede más remedio que aislarse, apóyenlas, sean las mejores personas que puedan ser. No se trata de encerrarse en un búnker, sino de hacer lo necesario como sociedad para capear al COVID19”.

Adicionalmente, querer protegerse egoístamente sin pensar en los demás, no sólo es un  comportamiento mezquino, sino que además es estúpido, porque ignora que no solo el riesgo de enfermarse está ahí, sino que también está el gobierno y sus tácticas de control social, es decir Godzilla.

Por ello, aun en el medio de la epidemia hay que tejer y apretar la malla social a través de la solidaridad y el apoyo a otras personas, de tal manera que lo que emerja del período de cuarentena no sea meramente una serie de individuos egoístas creyendo que volverán a su vida normal, sino que surja una sociedad fortalecida y en capacidad de defenderse y vencer al dragón.

Por ello, esta espera, nunca debería ser pasiva, sino activa. Nunca aislada, sino interconectada. Nunca indiferente, sino atenta.

No de inacción, sino de preparación, organización y apoyo a otros.

Es convertirse en parte de una sociedad que asume la participación como escudo y arma contra la esclavitud. Por eso cada uno se hace parte, toma parte y se hace parte.

Cuídense, conéctense, participen, amen. Nos vemos en la  reconstrucción.

jueves, 12 de marzo de 2020

La participación ciudadana en un mundo de gnomos o como lograr lo imposible



Artista: Michael Grabb

Una amiga me comentó cuán difícil es lograr avances en nuestro país y quizás el más difícil de todos, lograr promover procesos de participación en los que sus integrantes puedan trabajar de manera continua y sistemática por el logro de objetivos comunes, sin que eso tenga que pasar por una enorme cantidad de obstáculos y fracasos.

Pero no hay otra manera. Para poder resolver los enormes problemas que actualmente tenemos los venezolanos tenemos que unirnos para lograr construir una realidad distinta a esta catástrofe cotidiana que vivimos.

Por supuesto que eso también es cierto en el caso de la terrible crisis ambiental en la cual está sumergido el país.

Crisis que incluye desde comunidades que no tienen acceso al agua por semanas e incluso meses, hasta la destrucción criminal de los ecosistemas y comunidades por la codicia del oro.

A pesar de esa situación, es muy difícil lograr avanzar en articular esfuerzos para trabajar por empujar cambios, incluso los más urgentes.

Algunos han dicho que los venezolanos cargamos encima una serie de rasgos culturales que nos lastran. Quizás sea verdad.

Algunos de esos rasgos incluyen la convicción de que existen soluciones milagrosas y de acción inmediata, que se activan con poco esfuerzo, así como la idea de que la responsabilidad de solucionar los problemas de todos debe ser la obligación de otros.

A eso se mezcla, en muchas personas, formas de individualismo recalcitrante, el afán de ser protagonistas, así como ese comportamiento que en Venezuela llamamos bochinche.

A ese fondo que quizás algunos pueden llamar antropológico. Tenemos que sumar esa forma de manipulación antidemocrática que en los últimos años se ha venido imponiendo como sustituto de la verdadera participación y cada vez más la manipulación de la acción de grupos con fines muy poco éticos.

Durante la conversación con mi amiga, me acordé de un texto de uno de mis autores favoritos: Terry Pratchett, ese escritor inclasificable que mezcló la ciencia ficción con la fantasía y todo ello con la sátira social humorística.

En una de sus novelas más populares – Camioneros – cuenta la historia de un grupo de gnomos, es decir seres humanos diminutos, que viven en los espacios intermedios entre los pisos de un gran almacén y creen que la tienda es todo su universo.

Un día se dan cuenta que todo lo que conocían va a desaparecer, porque la tienda va a ser demolida. Por lo que tienen que afrontar la muy difícil tarea de huir y buscar un sitio seguro para todos fuera de su mundo en ese sitio desconocido y atemorizante que es el Exterior.

Por supuesto eso es muy difícil.

Son seres muy pequeños.  Además no todos están de acuerdo con esa idea. Algunos se oponen del todo. Todos saben que los peligros son inmensos. Y ninguno tiene al principio ninguna idea de cómo pueden salir de ahí.

En algún momento de la discusión uno de los gnomos habla de cómo enfrentar las tareas imposibles y esta es su idea:

"Una manera de afrontar una tarea imposible era dividirla en varias tareas sólo extremadamente difíciles y dividir cada una de estas en una serie de trabajos muy arduos y cada uno de ellos en asuntos delicados y estos en…” 

Esta no es una idea novedosa de este escritor ya que es otra versión de la pregunta de ¿cómo una sola persona puede comerse un elefante completo?.

A pesar de eso es una estrategia efectiva y es la manera como actúa la ciencia y la tecnología para enfrentar los desafíos más importantes.

En este momento, en el cual va avanzando la epidemia de coronavirus de Wuhan o Covid-19, científicos en todo el mundo están trabajando en el desarrollo de conocimiento sobre el virus y sus características genéticas, sobre la manera cómo afecta a las personas, su origen, la manera como saltó las barreras entre animales y personas, el comportamiento de la epidemia, distintos tipos de tratamientos para los afectados, desarrollo de vacunas, así como también los procesos sociales, psicológicos y políticos asociados a esta enfermedad y la manera que el mundo la está enfrentando.

Todos esos trabajos son pedacitos de tareas y asuntos delicados que todos juntos van generando conocimiento y estrategias para controlar la epidemia y evitar que se convierta en una catástrofe tal como lo fue la “gripe española” de principios del siglo 20 y otras situaciones catastróficas similares.

Por todo eso, aunque pensemos en lo muy difícil que es lograr que un grupo de personas se pongan de acuerdo para trabajar de manera coordinada para alcanzar el objetivo de lograr un país sostenible, responsable y respetuoso de la vida, estamos obligados a intentarlo.

Parafraseando una frase de la misma novela: Quizás lograr que algunos participen activamente, sea  imposible, sobre todo para nosotros que a veces nos sentimos gnomos muy pequeños. Pero nunca lo sabremos a menos que lo intentemos.

Y aún si no lo logramos, o no lleguemos a ver los resultados, tendremos la enorme satisfacción de que nosotros seres tan pequeños como gnomos fuimos capaces de desafiar a lo imposible.




jueves, 5 de diciembre de 2019

A los profesores universitarios






A lo largo de mi carrera para conseguir el título de licenciado en Biología y luego en el Doctorado en Ciencias tuve muy buenos profesores, muchos de ellos investigadores importantes.

Entre ellos habían personas profundamente y honestamente dedicadas al oficio de educar.

A algunos de otros los conocí fuera de las aulas de clase, también en otras facultades, incluso fuera de la UCV.

También fueron y son mis maestros.

Aún tengo el honor de considerar a varios de ellos mis maestros, mis colegas, mis compañeros de ruta y mis amigos.

A todos les debo mucho y les estaré agradecido por siempre.

Pero para mí un grupo de ellos fueron mucho más allá y su labor fue aún más trascendente.

No sólo me dieron herramientas conceptuales para poder ser un buen investigador de las ciencias biológicas, me formaron como ser humano, como ciudadano y como científico.

Ellos me enseñaron con su ejemplo la importancia de la honestidad profesional, el rigor científico, la creatividad, la pasión por la ciencia y el compromiso por mi país, su gente y el planeta como gran arca de la vida..

Sus enseñanzas me han acompañado toda mi vida y son las columnas y soportes sobre los que he podido montar todos mis esfuerzos profesionales y vitales.

Hoy es día del profesor universitario. Pero no es tiempo para fiestas.

En este momento la universidad venezolana libre,democrática,abierta y de calidad está en grave riesgo.

El régimen decretó estúpidamente y cobardemente su cierre progresivo a través de un cada vez mayor cerco legal y presupuestario.

Las primeras víctimas de ello han sido los profesores universitarios, en este momento empujados a la pobreza o a dejar las aulas universitarias e incluso el país.

Pero todos al final seremos víctimas.

Sin universidades libres y activas no hay futuro para el país.Ya que sin formación profesional de calidad seremos un país de peones ignorantes y sin consciencia. Y sin investigación de calidad caminaremos por una caverna oscura y peligrosa.

Por todo ello. Apoyo a la universidad venezolana y le envío un mensaje de apoyo y esperanza a todos los profesores universitarios en su día.

viernes, 18 de octubre de 2019

Anuncio público para los amigos no venezolanos






Después de muchos años y muchas dificultades para seguir en mi profesión y pasión de educador ambiental y ambientalista trabajando en Venezuela, hay batallas que dí por perdidas.

Una de ellas es la de intentar seguir convenciendo a muchos profesionales y activistas ambientales fuera de Venezuela que lo que aquí sucede no es un tema de una simple lucha entre polos ideológicos.Mucho menos de un gobierno acorralado por los poderes imperiales.

Que lo que se trata es de la mayor operación de saqueo y destrucción que ha tenido un país en toda su historia republicana. Saqueo promovido y realizado por los propios funcionarios de gobierno.

Y que la consecuencia de esa operación es una violación masiva de derechos humanos que ha empujado este país a la pobreza y más de 4 millones de venezolanos se han visto obligados a emigrar, muchos en las peores condiciones. Que uno de los países que era hasta hace poco tiempo más próspero en la región ahora tiene comprometido su futuro por muchas generaciones.

Pero como dijo alguna vez Octavio Paz: "La ceguera biológica impide ver, la ceguera ideológica impide pensar.". 

Los más fanáticos ni siquiera quieren saber de lo que pasa en Venezuela. Para ellos toda información sobre cualquier cosa mala que esté sucediendo en Venezuela, incluso personal, es mentira.

En las personas menos ideologizadas se siente la disonancia cognitiva - la incomodidad psicológica entre lo que creen y lo que perciben - pero se mantienen en un silencio vergonzoso.

Incluso me duele su indiferencia e incluso su aquiescencia a las cada vez mayores trabas burocráticas que sus países levantan para impedir que los venezolanos puedan llegar a sus países. Son muros para impedir que gente pobre y desesperada logre un sitio donde poder vivir con un poco de dignidad.

Les ofende el muro de Trump, ni se enteran de el que construyen sus países. Odian nuestra pobreza nueva.

Estoy seguro que sí en Venezuela los crímenes actuales los estuviese cometiendo alguien del tipo de Ivan Duque o Jair Bolzonaro, ya muchos estuvieran exigiendo a la Corte Internacional de La Haya  tomar decisiones inmediatas y drásticas y usarían palabras grandes como ecocidio, etnocidio y genocidio.

Lo siento muchísimo por esos profesionales brasileños, argentinos, uruguayos, mexicanos, ecuatorianos, españoles, y de otros países que conocí, aprecié y seguí como maestros.Ya que a muchos les tengo una enorme consideración como profesionales y personas.

Pero me duele muchísimo su silencio, su indiferencia, su desprecio, incluso en algunos casos su irrespeto.

Por ello se abrió una enorme grieta se abrió en mi valoración hacia ustedes.

En particular hacia aquellos que siempre dijeron que eran personas sensibles, humanistas, críticos, abiertos y defensores del ambiente y los derechos humanos.

Les pregunto ¿Era todo mentira?

Ya me quedan pocas fuerzas. Así que dejo de pensar en grandes debates y discusiones y me concentro en tratar de reunir y enviar información a todas  las personas de buena voluntad que se me acercan a pedir noticias directas sobre lo que aquí sucede.

Asimismo para los que no están satisfechos con la información que les está llegando a sus países y los que intuyen que debajo de la mascarada de revolución hay un infierno.

Pero principalmente para los que simplemente les duele lo que le pasa a las personas, a sus derechos y al ambiente, sin importar su ideología, nacionalidad, sexo, raza, religión o preferencias sexuales.

Es decir a los que se sienten humanos y no militantes de una causa política.

Por ustedes queridos amigos, amigas, compañeros, hermanos, seguiré adelante, hasta donde pueda.

jueves, 6 de junio de 2019

Seis y tres cuentos para hablar de la vida, mis amigos y los años. Cotorra de Alejandro al estilo Paolo Coello





No sé de qué hablar… ¿De la muerte o del amor? ¿O es lo mismo? ¿De qué?

Svetlana Alexievich. “Voces de Chernóbil”

Asísteme señor,
antes de ser vencido,
pero antes dime por qué tanto
y para qué resisto

Rafael Arráiz Lucca. “Lucio, “Nel mezzo del cammin”.


Hace poco tiempo una persona que aprecio y admiro mucho me comentó que los últimos años en su vida había sido enormemente difíciles principalmente por la adversidad que vivimos en el país, pero también por las muy difíciles decisiones que había tomado. Pero a pesar de eso habían sido años llenos de logros y avances personales y profesionales.

Me dejó pensando. Y tuve que hacerme la pregunta ¿Estos últimos años cómo han sido para mí?

Esa idea me resulta importante, sobre todo cuando uno parece que ya tiene que empezar a redactar el acta de entrega del cargo, aún más cuando se acerca un cumpleaños.

No soy persona del bando de los rastreadores de unicornios azules. Me parece una solemne pendejada y un acto de soberbia infinita decir que “El universo conspira a tu favor”. No somos nada en la inmensidad del universo. Un grano de polvo es tan importante como cada uno de nosotros dentro de los 300.000 trillones de estrellas que los astrónomos calculan que existen (Nota 1: un trillón es un 1 seguido de 23 ceros)

Por eso, a estas alturas de mi vida, no me van a encontrar diciendo que los últimos veinte años han sido de felicidad y fortuna (si el universo conspiró fue una conspiración maligna). Por lo contrario, siento que este tiempo ha sido el más difícil y complicado de mi existencia. De todo este período cargo un enorme peso de frustración, tristeza, rabia, e incertidumbre. Eso a pesar del hecho de que no me ha tocado, ni por lejos, la peor parte de las nefastas consecuencias de esta catástrofe continuada y creciente en que convirtieron al país.

Esas ideas se me mezclan con lo que me dijo otra persona hace mucho tiempo: que una consultoría era un dinero que a uno le pagaban para que uno aprendiera algo. Y entonces ¿no será que la vida es ese período en que uno anda en este mundo para aprender algo? Eso sin implicaciones esotéricas o religiosas. En este caso, todo el aprendizaje sería para ser aplicado (¿o no?) en este tránsito vital.

Así que creo, y esto es mi revelación personal, que estos años más que de felicidad y éxito han sido de intenso aprendizaje y descubrimiento sobre resiliencia, política y vida en general.

Así que le cuento nueve (6+3) descubrimientos. (Nota 2: Tengo otros descubrimientos personales pero hay que dejar algunos para tentar a la posibilidad de que haya otra posibilidad de contarlos)

Para nada pretendo que sean útiles a otras personas. En esta escuela de la vida cada quién tiene que escribir su propio abecedario. Pero si les parecen agradables de leer habré logrado mi cometido de ponerlos por escrito.

Aquí van:

1. Descubrí que soy (y somos) más fuertes de lo que nunca habíamos imaginado. En la adversidad muchos seguimos adelante a pesar de todo y mucho más de lo que creí que se podía. Admiro y respeto profundamente la capacidad de resistencia del pueblo venezolano. Conozco de personas que han estado en el infierno y aún siguen en pie. Y no sólo hablo de los que aún está en el país. Los que se fueron también están mostrando fortaleza y coraje tanto para vivir lejos de todo lo que una vez fue conocido y amado, sino también para reinventarse en vidas nunca imaginadas, a veces en condiciones muy duras. Para todo ello se necesita fortaleza, firmeza y en muchos casos un enorme valor. Si algo tenemos que enorgullecernos es que los monstruos aún no han podido doblegar el país a pesar de la enorme desgracia a la que hemos sido sometidos. Me duele mucho los que no pudieron soportarlo y quedaron en el camino. Algún día los homenajearemos, nunca los olvidaremos.

2. Encontré que en este país puedes conseguir las mejores y más generosas personas del mundo. Estamos siempre hablando de los monstruos, de los asesinos y sus bestias de espanto. Pero sé que ellos son muy pocos a pesar de su enorme poder para odiar, espantar, oprimir y matar. A los que me refiero son a las personas que dedican toda su vida y todo su esfuerzo, aún a riesgos de las suyas, al servicio de otros, a proteger, a construir, a acompañar. Cada uno de ellos merecería el reconocimiento de un país. Me llena de orgullo conocer a varios. Me fortalece saber que están aquí: cercanos, humanos, solidarios, luchando por ti y por mí. Son mis superhéroes.

Nota 3: Muéranse de la envidia Marvel y DC.

3. Aprendí que en el mundo es en tecnicolor. Desde hace mucho tiempo los poderosos nos han querido dominar haciéndonos creer que existen sólo dos maneras de entender el mundo y que una es la correcta (la  que les da fuerza a los poderosos) y la otra no sólo es incorrecta, sino perversa e inadmisible, por lo que debe ser eliminada. En el mundo binario la guerra es la única opción. Los fanáticos quieren ejércitos en permanente beligerancia: religiosos (de cualquier tipo) contra infieles; patriotas contra traidores, comunistas contra capitalistas; heterosexuales contra homosexuales; ricos contra pobres, indios contra criollos…  (y cada uno también al revés) Y sus armas son el odio y la exclusión y su objetivo someter y borrar al distinto, al “equivocado”, al “otro”. Y así seguimos.

La estupidez humana es infinita parece que dijo Albert Einstein.

Pero la verdad es que la vida es diversidad, matices y multiplicidades. Conozco y tengo amigos en todos los grupos antes nombrados y cada uno de ellos me ha regalado una perspectiva importante para entender este mundo y me enseñaron que en ningún grupo particular está la verdad o el error fundamental. La gente es lo que hace, no en lo que cree o sus modos de vida. Creo que hay que entender que un mundo diverso es lo mejor que nos puede pasar a todos.

Nos necesitamos todos.

Nota 4: Quizás no a todos. Habría que dejar fuera a los poderosos, sus cómplices y toda la manada de paranoicos políticos que pululan en las redes sociales.


4. Encontré que la clave para poder avanzar es trabajar en comunidad. Suena contradictorio porque parece que las comunidades son percibidas como anclas y no como aceleradores, pero alguien dijo que si querías llegar rápido camina solo, pero si querías llegar lejos hazlo en compañía.

Personalmente si fuese animal sería un gato u otro animal más bien solitario y no animal de manada. Pero he descubierto el enorme valor del trabajo en conjunto, la construcción de redes y particularmente la fabricación del tejido social que nace de la confianza, el respeto y el afecto mutuos.

En estos malos tiempos, la única red de seguridad existente es tu comunidad. Ella puede ser familia, amigos, compañeros, vecinos, pero principalmente de personas que tienen un propósito común y están dispuestos a caminar juntos para alcanzarlo.

La dificultad principal en Venezuela es el individualismo, la creencia que somos el centro del universo y esa profunda desconfianza mutua que nos ha inculcado el gobierno.

Las comunidades son tan poderosos que una de las estrategias para luchar contra la opresión es la llamada de “enjambre”, o sea la acción de resistencia realizada por grupos muy flexibles y comprometidos entre sí.

Nota 5: Por la forma como el gobierno ataca a las comunidades es claro que les teme. Prefiere el individuo solitario y desconectado que puede ser aplastado uno por uno. Tenemos que enjambrarnos.

5. Llegue a la conclusión que lo único mejor que la democracia es más democracia.  Recientemente una persona que conozco se quejaba de que después de varios años de compromiso con la causa le habían excluido de su trabajo por tener ideas críticas. Contaba como desde el principio se había sumado al trabajo de destruir la hegemonía comunicacional de las oligarquías que dominaban al país… Lo que no parece haberse dado cuenta esta persona es, que si para cambiar lo que te parece equivocado, tienes que usar métodos antidemocráticos, no construyes alternativas, sino que creas una dictadura. Indefectiblemente al final ese monstruo devorará a sus creadores.

Por eso, todos los que buscan soluciones no democráticas para nuestros problemas lo que le están es alimentando a pequeños monstruos de la razón que crecen hasta convertirse en nuevos espantos peores que los anteriores.

A pesar de ello, en los últimos años en Venezuela han germinado miles de experiencia de democracia directa y promoción del diálogo, que es la esencia de la democracia. Asimismo, muchos están trabajando para fortalecer las instancias verdaderas de representación y a pesar de todo, la mayoría (la que no vocifera en Twitter) sigue creyendo en la verdadera democracia como ideal para el país.

Finalmente, al menos algunos, comienzan a entender que la solución de los problemas de la democracia es más democracia.

Nota 6: El gobierno mantiene su guardería de monstruos en reserva para todo uso. No los alimentes, ni protejas. Están más cerca de ti de lo que puedes creer.

6. Entendí que cambiar es vivir. Teodoro Petkoff dijo en alguna ocasión que “Solo los estúpidos no cambian de opinión”. Pero nada es permanente, nada es eterno. Gran parte de nuestros problemas nacen de creer que podemos aferrarnos al pasado, a lo que fuimos, a nuestras certezas y zonas de confort. He tenido que reinventarme dos veces en mi vida y siento que es lo mejor que me pudo pasar. Cada trasformación me permitió ir a un nuevo nivel de comprensión y acción, pero jamás fue fácil.

Soñar con el cambio es el primer y más importante paso para que este ocurra. Si se convierte en propósito de vida, tu vida adquirirá sentido. Venezuela poco a poco está comenzando a soñar y construir el cambio, a pesar de los que lo niegan, o peor los que manejan en retroceso y creen quehay que trabajar por algo parecido a lo que dejaron a atrás.

La Venezuela que vendrá será la que construyamos entre todos y ya no podrá volver a lo que una vez fue.

7. Supe que quería estar rodeado de gente honesta. Billy Joel cantaba una canción que en decía que la honestidad es una palabra solitaria. Mucha gente prefiere mucho más a los exitosos que a los honestos. Hoy en día vivimos en el reino de los deshonestos. Pero ellos jamás tendrán la posibilidad de tener otra cosa sino desconfianza (para ellos todos somos deshonestos) Por el contrario la honestidad es la clave para poder tener relaciones interpersonales basadas en la confianza, la sinceridad y el respeto mutuo. Asimismo la honestidad consigo mismo lleva a cada persona a esforzarse para ser cada vez mejor.

Por ello, aunque parezcan bichos raros las personas honestas son las únicas con los que quiero rodearme y he tenido la enorme suerte de conseguirlos, valorarlos y mantener como amigos, colegas y personas muy queridas. Saludos y gracias a los que me están leyendo.

8. Comprendí que agradecer es signo de salud mental. Siempre pensé que dar las gracias era un tema de cortesía y buena educación. Pero aprendí que es mucho más que eso. Es la comprensión y reafirmación de las múltiples conexiones e interdependencia, así como de la red que construimos entre todos (Nota 5: Ver comunidad) Mi agradecimiento es mi homenaje a la vida y a todos los que estamos tejiendo la red que nos conecta. El que no ve la red, no tiene necesidad de dar gracias. Compra y exige favores, lealtad y afectos, pero sólo tiene ingratitudes y vacío (Nota 6: Ver honestidad)

Hoy doy las gracias a todos ustedes. Cercanos y lejanos. En otro continente o a la distancia de un abrazo. Gracias por ser parte de mi red. Espero ser digno de estar en las suyas. Doy gracias también a la vida y a la red ambiental que me mantiene vivo y me comprometo a través de ese agradecimiento a seguir cuidando su integridad a pesar de los monstruos que la destruyen.


9. Finalmente descubrí que el único sentido que tiene la vida es amar. Hace años me negaba a pensar esas cosas y las sentía excesivamente sensibleras o que sólo tenía que ver con el amor de parejas. Eso hasta que me di cuenta que la vida es demasiado cruel y a veces perversa como para vivirla sin amar. Ese amor es la fuerza que conecta tu vida con todo lo demás y te da la fuerza para seguir (Nota 5: ver comunidad, fortaleza y agradecimiento)

Un psicólogo argentino dijo que todos necesitamos una pasión, un amante. Ahora estoy de acuerdo. Es esa pasión, ese amor, será por alguien, por una familia, por una labor, por un servicio, por un lugar o por un ideal. Por ese amor sigues adelante, soportas la adversidad y sigues superando todos los obstáculos que te ponen por delante.

Ese aprendizaje es el que me mantiene vivo y me da fuerzas para seguir adelante avanzando en la tormenta.

Abrazos y mi total agradecimiento a todos.

domingo, 17 de marzo de 2019

Venezuela y la porquería


Vik Muniz, El Nacimiento de Venus II

Intenté poner en palabras cómo me siento al respecto de los últimos acontecimientos ocurridos en Venezuela y me salió un texto en exceso largo y lleno de rabia y resentimiento.

Lo eché al cesto de la basura.

Soy ambientalista y educador ambiental, me creo promotor de paz y soy defensor de derechos humanos. En todas esas facetas he buscado escapar de cualquier acción generadora de odio y violencia.

Pero lo que está pasando en este momento es una porquería. Ustedes saben a lo que me refiero con esa palabra.

No hay perversión que no se haya practicado en estos días de oscuridad:

La destrucción de Maracaibo encubierta bajo el apagón informático; la ausencia del más mínimo plan de contingencia para atender las necesidades de las personas más vulnerables, incluso a niños hospitalizados; la persecución masiva y sistemática de periodistas, médicos, trabajadores y cualquier persona que reclame por las situaciones existentes; el asesinato y persecución de grupos indígenas; la negación a cancelar los sueldos de los trabajadores universitarios; las muy turbias negociaciones con los recursos minerales del país; las irresponsables declaraciones dando por potable el agua que se vierte al río Guaire; la extorsión a los trabajadores y personas más pobres, Las mentiras constantes y flagrantes. Y mucho más porquería de la que se puede contar.

Es también una porquería que aún hayan personas que siguen intentando justificar las acciones de un gobierno hambreador, asesino y saqueador. También que aún existan “intelectuales” que desde su torre de cristal siguen mirando la situación como si se tratara de los resultados del futbol y no de la violación masiva de derechos humanos. Los mismos que tienen más miedo de los actos potenciales de un gobierno distinto, que de los crímenes reales del gobierno actual.

Igualmente son una porquería las campañas de terrorismo comunicacional que usan técnicas de manipulación psicológica de las angustias y penurias de las personas para generar miedo, paranoia, división y desesperanza.

Tenemos que levantarnos sobre la porquería. Necesitamos fortalecer nuestras capacidades y trabajar por la unión, confianza y participación de todos los venezolanos.

Para salir de mi rabia y resentimiento me enfoco en el futuro. El de mi país lo imagino como en el cuadro del artista brasileño Vik Muniz, una Venus naciendo de la basura.

Si, veremos a Venezuela en todo su esplendor levantarse de la porquería.