viernes, 20 de marzo de 2020

Participación y solidaridad activa en tiempos de coronavirus




He estado escribiendo en mi cuenta de Facebook una especie de bitácora personal de los temas que me han parecido importantes ( al menos para mí) en estos días de cuarentena obligatoria por la epidemia de coronavirus. Quiero compartir la más reciente porque me gustaría conocer sus opiniones al respecto.

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Desmemorias del día 4 de clausura: jueves 19 de marzo de 2020.

Cuarto día de clausura de la región capital en Venezuela y tercero de cuarentena obligatoria nacional.

Un día marcado por la incertidumbre que se hace cada vez más sólida la creciente sensación de desamparo de mucha gente,en la cual crece  el rumor como sucedáneo de información.

Día con pocas noticias importantes más allá de esa lejana sensación de que debemos prepararnos para quién sabe qué.

Por eso, hoy no me place relatar anécdotas de encierro, sino de  los pájaros que cruzan por mi cabeza como si emigraran norte a sur, del frío al calor.

Les cuento:

Este es un momento en que sabemos que debemos luchar contra un enemigo poderoso e invisible que se infiltra en nuestras vidas, trastoca todos nuestros planes y nos empuja a ser una especie de animales invernando para esperar esa primavera que nadie sabe cuándo, ni de qué manera llegará.

Situación que hizo tangible la idea de la sociedad del riesgo del que hablaba Ulrich Beck en su famoso libro.

En el medio de eso crece cada día la percepción de peligro difuso, pero permanente, que te hace mirar con desconfianza a todo el mundo, porque quién sabe quién será portador del fatídico virus del que hablan todas las noticias, todas las conversaciones, en todas partes, en todas las clases sociales. Y queremos aislarnos, encerrarnos y dejar afuera el peligro.

Y ya ni sentimos lástima del pobre San José que se quedó sin fiesta en Elorza y siendo un santo obrero quedó en paro permanente, no sabiendo cuándo regresará a su labor, a su acción y su acoplamiento con el resto de los trabajadores para seguir luchando por condiciones dignas de trabajo y el regreso de sus derechos a la protección social.

Porque esa sensación de peligro permanente nos nubla la mente y no nos deja ver el verdadero monstruo, el Godzilla que se acerca amenazante cada vez más cerca.

Ese monstruo está aquí desde hace tiempo, nos lo presentaron, nadie lo ocultó, pero no supimos verlo llegar sumidos en nuestro sueño de normalidad. Es esa bestia que como el dinosaurio de Augusto Monterroso cuando finalmente despertemos todavía estará allí y en control de nuestras vidas.

Ese monstruo es el control militar de la sociedad, es decir de nosotros.

Y no podemos darle ese poder, porque ese engendro es totalmente indiferente a todo lo que no sea su propio poder y no cree en ideologías, religiones, ni en libertad, ni en justicia social, ni derechos humanos, ni de respeto por la Naturaleza.

El cantante Sting en su canción Russians expresaba su esperanza de que frente a la amenaza nuclear los rusos también amaran a sus hijos. Pero aquí sabemos por la experiencia de los niños hospitalizados sin medicinas y los de las barriadas sin comida y los de los colegios sin maestros, que los monstruos de aquí no aman a los niños, a ningún niño. No sé si ni siquiera a los suyos, ya que lo único que les heredarán será dinero y vergüenza.

Pero a ese monstruo no lo queremos ver. Nos echaron tierra en los ojos. O mejor dicho nos echaron el famoso virus en los ojos. Y no vemos más allá del tapabocas que ya nos subieron hasta taparnos también la vista.

¿Esta situación es irreversible?

Por supuesto que no. Ya otros países pasaron por situaciones que en su momento fueron hasta peores y lograron salir y avanzar.

Pienso en la canción que cantaba Gloria Gaynor “I will survive” (sobreviviré) Pero en nuestro caso la letra de la canción tiene que cambiar y ser “Sobrevivire(mos)” porque o salimos juntos de esta o no habrá salida para nadie. Al menos un final bueno para los que queremos seguir llamándonos venezolanos con verdadero orgullo, estemos aquí o allá.

Por eso tenemos que entender, como nos recuerda Moisés Naim en un artículo reciente, que “Todos somos vecinos”. Asimismo, en el mismo artículo advierte que: “En las próximas semanas y meses vamos a descubrir quiénes —tanto personas como países— están más dispuestos a actuar teniendo a los demás en mente y quiénes solo piensan en sí mismos”.

En la misma línea de ideas, mi amigo Anibal Rojas escribió en su cuenta de Twitter la idea más clara que he leído al respecto de lo que significa la solidaridad o el aislamiento en soledad:
“El Distanciamiento Social funciona no porque tú evites contagiarte con el COVID19 y emerjas un mes después triunfante de entre un montón de latas de atún, funciona porque evitaste ser un vehículo de contagio para otros, sino se llamaría Aislamiento Egoísta o algo por el estilo.” Y más adelante continua: “Hay un montón de personas que se van a encontrar en una posición desesperada cuando no les quede más remedio que aislarse, apóyenlas, sean las mejores personas que puedan ser. No se trata de encerrarse en un búnker, sino de hacer lo necesario como sociedad para capear al COVID19”.

Adicionalmente, querer protegerse egoístamente sin pensar en los demás, no sólo es un  comportamiento mezquino, sino que además es estúpido, porque ignora que no solo el riesgo de enfermarse está ahí, sino que también está el gobierno y sus tácticas de control social, es decir Godzilla.

Por ello, aun en el medio de la epidemia hay que tejer y apretar la malla social a través de la solidaridad y el apoyo a otras personas, de tal manera que lo que emerja del período de cuarentena no sea meramente una serie de individuos egoístas creyendo que volverán a su vida normal, sino que surja una sociedad fortalecida y en capacidad de defenderse y vencer al dragón.

Por ello, esta espera, nunca debería ser pasiva, sino activa. Nunca aislada, sino interconectada. Nunca indiferente, sino atenta.

No de inacción, sino de preparación, organización y apoyo a otros.

Es convertirse en parte de una sociedad que asume la participación como escudo y arma contra la esclavitud. Por eso cada uno se hace parte, toma parte y se hace parte.

Cuídense, conéctense, participen, amen. Nos vemos en la  reconstrucción.

jueves, 12 de marzo de 2020

La participación ciudadana en un mundo de gnomos o como lograr lo imposible



Artista: Michael Grabb

Una amiga me comentó cuán difícil es lograr avances en nuestro país y quizás el más difícil de todos, lograr promover procesos de participación en los que sus integrantes puedan trabajar de manera continua y sistemática por el logro de objetivos comunes, sin que eso tenga que pasar por una enorme cantidad de obstáculos y fracasos.

Pero no hay otra manera. Para poder resolver los enormes problemas que actualmente tenemos los venezolanos tenemos que unirnos para lograr construir una realidad distinta a esta catástrofe cotidiana que vivimos.

Por supuesto que eso también es cierto en el caso de la terrible crisis ambiental en la cual está sumergido el país.

Crisis que incluye desde comunidades que no tienen acceso al agua por semanas e incluso meses, hasta la destrucción criminal de los ecosistemas y comunidades por la codicia del oro.

A pesar de esa situación, es muy difícil lograr avanzar en articular esfuerzos para trabajar por empujar cambios, incluso los más urgentes.

Algunos han dicho que los venezolanos cargamos encima una serie de rasgos culturales que nos lastran. Quizás sea verdad.

Algunos de esos rasgos incluyen la convicción de que existen soluciones milagrosas y de acción inmediata, que se activan con poco esfuerzo, así como la idea de que la responsabilidad de solucionar los problemas de todos debe ser la obligación de otros.

A eso se mezcla, en muchas personas, formas de individualismo recalcitrante, el afán de ser protagonistas, así como ese comportamiento que en Venezuela llamamos bochinche.

A ese fondo que quizás algunos pueden llamar antropológico. Tenemos que sumar esa forma de manipulación antidemocrática que en los últimos años se ha venido imponiendo como sustituto de la verdadera participación y cada vez más la manipulación de la acción de grupos con fines muy poco éticos.

Durante la conversación con mi amiga, me acordé de un texto de uno de mis autores favoritos: Terry Pratchett, ese escritor inclasificable que mezcló la ciencia ficción con la fantasía y todo ello con la sátira social humorística.

En una de sus novelas más populares – Camioneros – cuenta la historia de un grupo de gnomos, es decir seres humanos diminutos, que viven en los espacios intermedios entre los pisos de un gran almacén y creen que la tienda es todo su universo.

Un día se dan cuenta que todo lo que conocían va a desaparecer, porque la tienda va a ser demolida. Por lo que tienen que afrontar la muy difícil tarea de huir y buscar un sitio seguro para todos fuera de su mundo en ese sitio desconocido y atemorizante que es el Exterior.

Por supuesto eso es muy difícil.

Son seres muy pequeños.  Además no todos están de acuerdo con esa idea. Algunos se oponen del todo. Todos saben que los peligros son inmensos. Y ninguno tiene al principio ninguna idea de cómo pueden salir de ahí.

En algún momento de la discusión uno de los gnomos habla de cómo enfrentar las tareas imposibles y esta es su idea:

"Una manera de afrontar una tarea imposible era dividirla en varias tareas sólo extremadamente difíciles y dividir cada una de estas en una serie de trabajos muy arduos y cada uno de ellos en asuntos delicados y estos en…” 

Esta no es una idea novedosa de este escritor ya que es otra versión de la pregunta de ¿cómo una sola persona puede comerse un elefante completo?.

A pesar de eso es una estrategia efectiva y es la manera como actúa la ciencia y la tecnología para enfrentar los desafíos más importantes.

En este momento, en el cual va avanzando la epidemia de coronavirus de Wuhan o Covid-19, científicos en todo el mundo están trabajando en el desarrollo de conocimiento sobre el virus y sus características genéticas, sobre la manera cómo afecta a las personas, su origen, la manera como saltó las barreras entre animales y personas, el comportamiento de la epidemia, distintos tipos de tratamientos para los afectados, desarrollo de vacunas, así como también los procesos sociales, psicológicos y políticos asociados a esta enfermedad y la manera que el mundo la está enfrentando.

Todos esos trabajos son pedacitos de tareas y asuntos delicados que todos juntos van generando conocimiento y estrategias para controlar la epidemia y evitar que se convierta en una catástrofe tal como lo fue la “gripe española” de principios del siglo 20 y otras situaciones catastróficas similares.

Por todo eso, aunque pensemos en lo muy difícil que es lograr que un grupo de personas se pongan de acuerdo para trabajar de manera coordinada para alcanzar el objetivo de lograr un país sostenible, responsable y respetuoso de la vida, estamos obligados a intentarlo.

Parafraseando una frase de la misma novela: Quizás lograr que algunos participen activamente, sea  imposible, sobre todo para nosotros que a veces nos sentimos gnomos muy pequeños. Pero nunca lo sabremos a menos que lo intentemos.

Y aún si no lo logramos, o no lleguemos a ver los resultados, tendremos la enorme satisfacción de que nosotros seres tan pequeños como gnomos fuimos capaces de desafiar a lo imposible.




jueves, 5 de diciembre de 2019

A los profesores universitarios






A lo largo de mi carrera para conseguir el título de licenciado en Biología y luego en el Doctorado en Ciencias tuve muy buenos profesores, muchos de ellos investigadores importantes.

Entre ellos habían personas profundamente y honestamente dedicadas al oficio de educar.

A algunos de otros los conocí fuera de las aulas de clase, también en otras facultades, incluso fuera de la UCV.

También fueron y son mis maestros.

Aún tengo el honor de considerar a varios de ellos mis maestros, mis colegas, mis compañeros de ruta y mis amigos.

A todos les debo mucho y les estaré agradecido por siempre.

Pero para mí un grupo de ellos fueron mucho más allá y su labor fue aún más trascendente.

No sólo me dieron herramientas conceptuales para poder ser un buen investigador de las ciencias biológicas, me formaron como ser humano, como ciudadano y como científico.

Ellos me enseñaron con su ejemplo la importancia de la honestidad profesional, el rigor científico, la creatividad, la pasión por la ciencia y el compromiso por mi país, su gente y el planeta como gran arca de la vida..

Sus enseñanzas me han acompañado toda mi vida y son las columnas y soportes sobre los que he podido montar todos mis esfuerzos profesionales y vitales.

Hoy es día del profesor universitario. Pero no es tiempo para fiestas.

En este momento la universidad venezolana libre,democrática,abierta y de calidad está en grave riesgo.

El régimen decretó estúpidamente y cobardemente su cierre progresivo a través de un cada vez mayor cerco legal y presupuestario.

Las primeras víctimas de ello han sido los profesores universitarios, en este momento empujados a la pobreza o a dejar las aulas universitarias e incluso el país.

Pero todos al final seremos víctimas.

Sin universidades libres y activas no hay futuro para el país.Ya que sin formación profesional de calidad seremos un país de peones ignorantes y sin consciencia. Y sin investigación de calidad caminaremos por una caverna oscura y peligrosa.

Por todo ello. Apoyo a la universidad venezolana y le envío un mensaje de apoyo y esperanza a todos los profesores universitarios en su día.

viernes, 18 de octubre de 2019

Anuncio público para los amigos no venezolanos






Después de muchos años y muchas dificultades para seguir en mi profesión y pasión de educador ambiental y ambientalista trabajando en Venezuela, hay batallas que dí por perdidas.

Una de ellas es la de intentar seguir convenciendo a muchos profesionales y activistas ambientales fuera de Venezuela que lo que aquí sucede no es un tema de una simple lucha entre polos ideológicos.Mucho menos de un gobierno acorralado por los poderes imperiales.

Que lo que se trata es de la mayor operación de saqueo y destrucción que ha tenido un país en toda su historia republicana. Saqueo promovido y realizado por los propios funcionarios de gobierno.

Y que la consecuencia de esa operación es una violación masiva de derechos humanos que ha empujado este país a la pobreza y más de 4 millones de venezolanos se han visto obligados a emigrar, muchos en las peores condiciones. Que uno de los países que era hasta hace poco tiempo más próspero en la región ahora tiene comprometido su futuro por muchas generaciones.

Pero como dijo alguna vez Octavio Paz: "La ceguera biológica impide ver, la ceguera ideológica impide pensar.". 

Los más fanáticos ni siquiera quieren saber de lo que pasa en Venezuela. Para ellos toda información sobre cualquier cosa mala que esté sucediendo en Venezuela, incluso personal, es mentira.

En las personas menos ideologizadas se siente la disonancia cognitiva - la incomodidad psicológica entre lo que creen y lo que perciben - pero se mantienen en un silencio vergonzoso.

Incluso me duele su indiferencia e incluso su aquiescencia a las cada vez mayores trabas burocráticas que sus países levantan para impedir que los venezolanos puedan llegar a sus países. Son muros para impedir que gente pobre y desesperada logre un sitio donde poder vivir con un poco de dignidad.

Les ofende el muro de Trump, ni se enteran de el que construyen sus países. Odian nuestra pobreza nueva.

Estoy seguro que sí en Venezuela los crímenes actuales los estuviese cometiendo alguien del tipo de Ivan Duque o Jair Bolzonaro, ya muchos estuvieran exigiendo a la Corte Internacional de La Haya  tomar decisiones inmediatas y drásticas y usarían palabras grandes como ecocidio, etnocidio y genocidio.

Lo siento muchísimo por esos profesionales brasileños, argentinos, uruguayos, mexicanos, ecuatorianos, españoles, y de otros países que conocí, aprecié y seguí como maestros.Ya que a muchos les tengo una enorme consideración como profesionales y personas.

Pero me duele muchísimo su silencio, su indiferencia, su desprecio, incluso en algunos casos su irrespeto.

Por ello se abrió una enorme grieta se abrió en mi valoración hacia ustedes.

En particular hacia aquellos que siempre dijeron que eran personas sensibles, humanistas, críticos, abiertos y defensores del ambiente y los derechos humanos.

Les pregunto ¿Era todo mentira?

Ya me quedan pocas fuerzas. Así que dejo de pensar en grandes debates y discusiones y me concentro en tratar de reunir y enviar información a todas  las personas de buena voluntad que se me acercan a pedir noticias directas sobre lo que aquí sucede.

Asimismo para los que no están satisfechos con la información que les está llegando a sus países y los que intuyen que debajo de la mascarada de revolución hay un infierno.

Pero principalmente para los que simplemente les duele lo que le pasa a las personas, a sus derechos y al ambiente, sin importar su ideología, nacionalidad, sexo, raza, religión o preferencias sexuales.

Es decir a los que se sienten humanos y no militantes de una causa política.

Por ustedes queridos amigos, amigas, compañeros, hermanos, seguiré adelante, hasta donde pueda.

jueves, 6 de junio de 2019

Seis y tres cuentos para hablar de la vida, mis amigos y los años. Cotorra de Alejandro al estilo Paolo Coello





No sé de qué hablar… ¿De la muerte o del amor? ¿O es lo mismo? ¿De qué?

Svetlana Alexievich. “Voces de Chernóbil”

Asísteme señor,
antes de ser vencido,
pero antes dime por qué tanto
y para qué resisto

Rafael Arráiz Lucca. “Lucio, “Nel mezzo del cammin”.


Hace poco tiempo una persona que aprecio y admiro mucho me comentó que los últimos años en su vida había sido enormemente difíciles principalmente por la adversidad que vivimos en el país, pero también por las muy difíciles decisiones que había tomado. Pero a pesar de eso habían sido años llenos de logros y avances personales y profesionales.

Me dejó pensando. Y tuve que hacerme la pregunta ¿Estos últimos años cómo han sido para mí?

Esa idea me resulta importante, sobre todo cuando uno parece que ya tiene que empezar a redactar el acta de entrega del cargo, aún más cuando se acerca un cumpleaños.

No soy persona del bando de los rastreadores de unicornios azules. Me parece una solemne pendejada y un acto de soberbia infinita decir que “El universo conspira a tu favor”. No somos nada en la inmensidad del universo. Un grano de polvo es tan importante como cada uno de nosotros dentro de los 300.000 trillones de estrellas que los astrónomos calculan que existen (Nota 1: un trillón es un 1 seguido de 23 ceros)

Por eso, a estas alturas de mi vida, no me van a encontrar diciendo que los últimos veinte años han sido de felicidad y fortuna (si el universo conspiró fue una conspiración maligna). Por lo contrario, siento que este tiempo ha sido el más difícil y complicado de mi existencia. De todo este período cargo un enorme peso de frustración, tristeza, rabia, e incertidumbre. Eso a pesar del hecho de que no me ha tocado, ni por lejos, la peor parte de las nefastas consecuencias de esta catástrofe continuada y creciente en que convirtieron al país.

Esas ideas se me mezclan con lo que me dijo otra persona hace mucho tiempo: que una consultoría era un dinero que a uno le pagaban para que uno aprendiera algo. Y entonces ¿no será que la vida es ese período en que uno anda en este mundo para aprender algo? Eso sin implicaciones esotéricas o religiosas. En este caso, todo el aprendizaje sería para ser aplicado (¿o no?) en este tránsito vital.

Así que creo, y esto es mi revelación personal, que estos años más que de felicidad y éxito han sido de intenso aprendizaje y descubrimiento sobre resiliencia, política y vida en general.

Así que le cuento nueve (6+3) descubrimientos. (Nota 2: Tengo otros descubrimientos personales pero hay que dejar algunos para tentar a la posibilidad de que haya otra posibilidad de contarlos)

Para nada pretendo que sean útiles a otras personas. En esta escuela de la vida cada quién tiene que escribir su propio abecedario. Pero si les parecen agradables de leer habré logrado mi cometido de ponerlos por escrito.

Aquí van:

1. Descubrí que soy (y somos) más fuertes de lo que nunca habíamos imaginado. En la adversidad muchos seguimos adelante a pesar de todo y mucho más de lo que creí que se podía. Admiro y respeto profundamente la capacidad de resistencia del pueblo venezolano. Conozco de personas que han estado en el infierno y aún siguen en pie. Y no sólo hablo de los que aún está en el país. Los que se fueron también están mostrando fortaleza y coraje tanto para vivir lejos de todo lo que una vez fue conocido y amado, sino también para reinventarse en vidas nunca imaginadas, a veces en condiciones muy duras. Para todo ello se necesita fortaleza, firmeza y en muchos casos un enorme valor. Si algo tenemos que enorgullecernos es que los monstruos aún no han podido doblegar el país a pesar de la enorme desgracia a la que hemos sido sometidos. Me duele mucho los que no pudieron soportarlo y quedaron en el camino. Algún día los homenajearemos, nunca los olvidaremos.

2. Encontré que en este país puedes conseguir las mejores y más generosas personas del mundo. Estamos siempre hablando de los monstruos, de los asesinos y sus bestias de espanto. Pero sé que ellos son muy pocos a pesar de su enorme poder para odiar, espantar, oprimir y matar. A los que me refiero son a las personas que dedican toda su vida y todo su esfuerzo, aún a riesgos de las suyas, al servicio de otros, a proteger, a construir, a acompañar. Cada uno de ellos merecería el reconocimiento de un país. Me llena de orgullo conocer a varios. Me fortalece saber que están aquí: cercanos, humanos, solidarios, luchando por ti y por mí. Son mis superhéroes.

Nota 3: Muéranse de la envidia Marvel y DC.

3. Aprendí que en el mundo es en tecnicolor. Desde hace mucho tiempo los poderosos nos han querido dominar haciéndonos creer que existen sólo dos maneras de entender el mundo y que una es la correcta (la  que les da fuerza a los poderosos) y la otra no sólo es incorrecta, sino perversa e inadmisible, por lo que debe ser eliminada. En el mundo binario la guerra es la única opción. Los fanáticos quieren ejércitos en permanente beligerancia: religiosos (de cualquier tipo) contra infieles; patriotas contra traidores, comunistas contra capitalistas; heterosexuales contra homosexuales; ricos contra pobres, indios contra criollos…  (y cada uno también al revés) Y sus armas son el odio y la exclusión y su objetivo someter y borrar al distinto, al “equivocado”, al “otro”. Y así seguimos.

La estupidez humana es infinita parece que dijo Albert Einstein.

Pero la verdad es que la vida es diversidad, matices y multiplicidades. Conozco y tengo amigos en todos los grupos antes nombrados y cada uno de ellos me ha regalado una perspectiva importante para entender este mundo y me enseñaron que en ningún grupo particular está la verdad o el error fundamental. La gente es lo que hace, no en lo que cree o sus modos de vida. Creo que hay que entender que un mundo diverso es lo mejor que nos puede pasar a todos.

Nos necesitamos todos.

Nota 4: Quizás no a todos. Habría que dejar fuera a los poderosos, sus cómplices y toda la manada de paranoicos políticos que pululan en las redes sociales.


4. Encontré que la clave para poder avanzar es trabajar en comunidad. Suena contradictorio porque parece que las comunidades son percibidas como anclas y no como aceleradores, pero alguien dijo que si querías llegar rápido camina solo, pero si querías llegar lejos hazlo en compañía.

Personalmente si fuese animal sería un gato u otro animal más bien solitario y no animal de manada. Pero he descubierto el enorme valor del trabajo en conjunto, la construcción de redes y particularmente la fabricación del tejido social que nace de la confianza, el respeto y el afecto mutuos.

En estos malos tiempos, la única red de seguridad existente es tu comunidad. Ella puede ser familia, amigos, compañeros, vecinos, pero principalmente de personas que tienen un propósito común y están dispuestos a caminar juntos para alcanzarlo.

La dificultad principal en Venezuela es el individualismo, la creencia que somos el centro del universo y esa profunda desconfianza mutua que nos ha inculcado el gobierno.

Las comunidades son tan poderosos que una de las estrategias para luchar contra la opresión es la llamada de “enjambre”, o sea la acción de resistencia realizada por grupos muy flexibles y comprometidos entre sí.

Nota 5: Por la forma como el gobierno ataca a las comunidades es claro que les teme. Prefiere el individuo solitario y desconectado que puede ser aplastado uno por uno. Tenemos que enjambrarnos.

5. Llegue a la conclusión que lo único mejor que la democracia es más democracia.  Recientemente una persona que conozco se quejaba de que después de varios años de compromiso con la causa le habían excluido de su trabajo por tener ideas críticas. Contaba como desde el principio se había sumado al trabajo de destruir la hegemonía comunicacional de las oligarquías que dominaban al país… Lo que no parece haberse dado cuenta esta persona es, que si para cambiar lo que te parece equivocado, tienes que usar métodos antidemocráticos, no construyes alternativas, sino que creas una dictadura. Indefectiblemente al final ese monstruo devorará a sus creadores.

Por eso, todos los que buscan soluciones no democráticas para nuestros problemas lo que le están es alimentando a pequeños monstruos de la razón que crecen hasta convertirse en nuevos espantos peores que los anteriores.

A pesar de ello, en los últimos años en Venezuela han germinado miles de experiencia de democracia directa y promoción del diálogo, que es la esencia de la democracia. Asimismo, muchos están trabajando para fortalecer las instancias verdaderas de representación y a pesar de todo, la mayoría (la que no vocifera en Twitter) sigue creyendo en la verdadera democracia como ideal para el país.

Finalmente, al menos algunos, comienzan a entender que la solución de los problemas de la democracia es más democracia.

Nota 6: El gobierno mantiene su guardería de monstruos en reserva para todo uso. No los alimentes, ni protejas. Están más cerca de ti de lo que puedes creer.

6. Entendí que cambiar es vivir. Teodoro Petkoff dijo en alguna ocasión que “Solo los estúpidos no cambian de opinión”. Pero nada es permanente, nada es eterno. Gran parte de nuestros problemas nacen de creer que podemos aferrarnos al pasado, a lo que fuimos, a nuestras certezas y zonas de confort. He tenido que reinventarme dos veces en mi vida y siento que es lo mejor que me pudo pasar. Cada trasformación me permitió ir a un nuevo nivel de comprensión y acción, pero jamás fue fácil.

Soñar con el cambio es el primer y más importante paso para que este ocurra. Si se convierte en propósito de vida, tu vida adquirirá sentido. Venezuela poco a poco está comenzando a soñar y construir el cambio, a pesar de los que lo niegan, o peor los que manejan en retroceso y creen quehay que trabajar por algo parecido a lo que dejaron a atrás.

La Venezuela que vendrá será la que construyamos entre todos y ya no podrá volver a lo que una vez fue.

7. Supe que quería estar rodeado de gente honesta. Billy Joel cantaba una canción que en decía que la honestidad es una palabra solitaria. Mucha gente prefiere mucho más a los exitosos que a los honestos. Hoy en día vivimos en el reino de los deshonestos. Pero ellos jamás tendrán la posibilidad de tener otra cosa sino desconfianza (para ellos todos somos deshonestos) Por el contrario la honestidad es la clave para poder tener relaciones interpersonales basadas en la confianza, la sinceridad y el respeto mutuo. Asimismo la honestidad consigo mismo lleva a cada persona a esforzarse para ser cada vez mejor.

Por ello, aunque parezcan bichos raros las personas honestas son las únicas con los que quiero rodearme y he tenido la enorme suerte de conseguirlos, valorarlos y mantener como amigos, colegas y personas muy queridas. Saludos y gracias a los que me están leyendo.

8. Comprendí que agradecer es signo de salud mental. Siempre pensé que dar las gracias era un tema de cortesía y buena educación. Pero aprendí que es mucho más que eso. Es la comprensión y reafirmación de las múltiples conexiones e interdependencia, así como de la red que construimos entre todos (Nota 5: Ver comunidad) Mi agradecimiento es mi homenaje a la vida y a todos los que estamos tejiendo la red que nos conecta. El que no ve la red, no tiene necesidad de dar gracias. Compra y exige favores, lealtad y afectos, pero sólo tiene ingratitudes y vacío (Nota 6: Ver honestidad)

Hoy doy las gracias a todos ustedes. Cercanos y lejanos. En otro continente o a la distancia de un abrazo. Gracias por ser parte de mi red. Espero ser digno de estar en las suyas. Doy gracias también a la vida y a la red ambiental que me mantiene vivo y me comprometo a través de ese agradecimiento a seguir cuidando su integridad a pesar de los monstruos que la destruyen.


9. Finalmente descubrí que el único sentido que tiene la vida es amar. Hace años me negaba a pensar esas cosas y las sentía excesivamente sensibleras o que sólo tenía que ver con el amor de parejas. Eso hasta que me di cuenta que la vida es demasiado cruel y a veces perversa como para vivirla sin amar. Ese amor es la fuerza que conecta tu vida con todo lo demás y te da la fuerza para seguir (Nota 5: ver comunidad, fortaleza y agradecimiento)

Un psicólogo argentino dijo que todos necesitamos una pasión, un amante. Ahora estoy de acuerdo. Es esa pasión, ese amor, será por alguien, por una familia, por una labor, por un servicio, por un lugar o por un ideal. Por ese amor sigues adelante, soportas la adversidad y sigues superando todos los obstáculos que te ponen por delante.

Ese aprendizaje es el que me mantiene vivo y me da fuerzas para seguir adelante avanzando en la tormenta.

Abrazos y mi total agradecimiento a todos.

domingo, 17 de marzo de 2019

Venezuela y la porquería


Vik Muniz, El Nacimiento de Venus II

Intenté poner en palabras cómo me siento al respecto de los últimos acontecimientos ocurridos en Venezuela y me salió un texto en exceso largo y lleno de rabia y resentimiento.

Lo eché al cesto de la basura.

Soy ambientalista y educador ambiental, me creo promotor de paz y soy defensor de derechos humanos. En todas esas facetas he buscado escapar de cualquier acción generadora de odio y violencia.

Pero lo que está pasando en este momento es una porquería. Ustedes saben a lo que me refiero con esa palabra.

No hay perversión que no se haya practicado en estos días de oscuridad:

La destrucción de Maracaibo encubierta bajo el apagón informático; la ausencia del más mínimo plan de contingencia para atender las necesidades de las personas más vulnerables, incluso a niños hospitalizados; la persecución masiva y sistemática de periodistas, médicos, trabajadores y cualquier persona que reclame por las situaciones existentes; el asesinato y persecución de grupos indígenas; la negación a cancelar los sueldos de los trabajadores universitarios; las muy turbias negociaciones con los recursos minerales del país; las irresponsables declaraciones dando por potable el agua que se vierte al río Guaire; la extorsión a los trabajadores y personas más pobres, Las mentiras constantes y flagrantes. Y mucho más porquería de la que se puede contar.

Es también una porquería que aún hayan personas que siguen intentando justificar las acciones de un gobierno hambreador, asesino y saqueador. También que aún existan “intelectuales” que desde su torre de cristal siguen mirando la situación como si se tratara de los resultados del futbol y no de la violación masiva de derechos humanos. Los mismos que tienen más miedo de los actos potenciales de un gobierno distinto, que de los crímenes reales del gobierno actual.

Igualmente son una porquería las campañas de terrorismo comunicacional que usan técnicas de manipulación psicológica de las angustias y penurias de las personas para generar miedo, paranoia, división y desesperanza.

Tenemos que levantarnos sobre la porquería. Necesitamos fortalecer nuestras capacidades y trabajar por la unión, confianza y participación de todos los venezolanos.

Para salir de mi rabia y resentimiento me enfoco en el futuro. El de mi país lo imagino como en el cuadro del artista brasileño Vik Muniz, una Venus naciendo de la basura.

Si, veremos a Venezuela en todo su esplendor levantarse de la porquería.

domingo, 24 de febrero de 2019

Venezuela y la ayuda humanitaria incendiada


Foto tomada de Twitter

Amigos fuera de Venezuela, lo que se ve en la foto no es una escena de guerra (aunque de cierta manera si lo es)

Son cajas con ayuda humanitaria que fueron quemadas durante el día de hoy en la frontera entre Colombia y Venezuela para evitar que entraran a territorio venezolano.

Independiente de lo que ustedes opinen en relación con la validez y motivaciones de esta acción, eran simplemente medicinas y alimentos.

Miles de personas en mi país necesitan  asistencia inmediata porque no tienen acceso a estos productos.

Esta ayuda de ninguna manera hubiese solucionado el problema. Pero probablemente hubiese traído un poco de esperanza a algunas personas que se encuentran en situación crítica.

Algunos consideran que no era legítimo introducir las cargas de alimentos y medicinas de la manera como se realizó hoy. A lo mejor tienen razón. No cumplía con ciertas "formalidades legales" relacionadas con la "soberanía nacional", formalidades que cuando algún día quizás puedan cumplirse muchas personas habrán muerto o destruido sus vidas.

Otros me han dicho que no quieren las manos de Trump en Venezuela. Yo tampoco las quiero. Yo lo que quiero son medicinas y alimentos para el pueblo. A algunos les parecería correcto una "ayuda humanitaria" si llegase de Rusia como ahora el gobierno nacional ha anunciado (algunos si desean las manos de Putin en Venezuela)

Además las cajas de ayuda no fueron devueltas mediante algún tipo de procedimiento legal o en último caso decomisadas para ser repartidas entre los que las necesitan. Fueron destruidas. Como han sido destruidas tantas vidas en Venezuela. Como están destruyendo (masacrando) al pueblo indígena pemón al sur de Venezuela por querer apoyar la entrada de ayuda humanitaria (otros dicen que por represalia por oponerse a que las mafias hagan minería en el Parque Nacional Canaima)

Al final quemar algunas pocas cajas de alimentos y medicinas no va a restablecer la soberanía nacional hoy "mancillada" por fórmulas lácteas y antidiarreicos para los niños. Pero si va a prolongar el sufrimiento de muchos.

A los que se siguen oponiendo a que entre ayuda humanitaria a Venezuela por razones ideológicas, que algún día su conciencia se los reclame.

Este no es un asunto de derecha o izquierda, es de derechos humanos.